Friday, 12 July 2013

El lado bueno de las cosas (Silver Linings Playbook)


Cuando Pat conoció a Tiffany su mundo entero se puso patas arriba.

Él llega a casa de sus padres dispuesto a comerse el mundo con su actitud positiva tras meses de internamiento en una institución mental. Su meta: recuperar a su ex-mujer a cualquier precio.

Ella es la chica de la que todos los vecinos hablan a sus espaldas. Es problemática, ácida, deslenguada... el tipo de chica que no te conviene.

Los dos son dos bombas de relojería humanas a punto de estallar mucho antes de que se crucen sus caminos.

“El lado bueno de las cosas” no es una comedia romántica al uso. Aunque el tópico chico conoce a chica está ahí, los personajes y sus problemas mentales convierten ese cliché en algo completamente impredecible.

A medio camino entre la comedia y el drama, esta historia de protagonistas desquiciados y desquiciantes es un soplo de aire fresco que pierde fuelle en muy contadas ocasiones (sobre todo en el tramo final), aunque las interpretaciones de Jennifer Lawrence (que se come por momentos al resto del reparto), Robert De Niro, Jacki Weaver y unos sorprendentes Bradley Cooper (por escoger un personaje tan alejado a todo lo que ha hecho hasta ahora) y Chris Tucker (por actuar de una manera tan comedida, sin ser el bufón al que nos tiene acostumbrados) son capaces de suplir los fallos de un guión que peca de ser demasiado edulcorado, risueño y sentimental por momentos.



En esta locura de amor (o amor de locura) el galán no es el tipo perfecto, el hijo que toda madre querría, y la no tan dulce damisela sabe meterse en líos y sacarse de ellos con descaro, desparpajo y mucha mala leche. Aún así, pese a todas sus taras y defectos, somos capaces de empatizar con ellos.

David O. Russell vuelve a demostrar tras “The Fighter” que es un buen director de actores y trata de manera nada forzada los problemas cotidianos. Pese a sus dos horas de metraje la película no se hace pesada, quizá se agradecerían 15 minutos más para evitar ese final tan acelerado y predecible, pero resulta gratamente fresca, entretenida y desenfadada.

Si bien no es la película del año, se hablará mucho tiempo de ella y de su cuidada banda sonora. Escenas como la del restaurante o la del libro de Hemingway y, sobre todo, la maravillosa interpretación de Jennifer Lawrence (una de las mejores actrices de su generación) permanecerán grabadas en la memoria de los cinéfilos de pro.

Y es que, admitámoslo, los “happy endings” también son necesarios.

Trailer

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