Wednesday, 24 July 2013

LINCOLN de Steven Spielberg



El director de tantos viajes fantásticos incrustados ya en la memoria histórica del séptimo arte como: Encuentros en la tercera fase, E.T. El extraterrestre o Parque Jurásico, se decanta en su última película por su otra cara, la más seria y ambiciosa, aquella que quiere dejar huella en las enciclopedias de cine recreando los pasajes más relevantes de la historia de Estados Unidos.

Lincoln está más cerca de Munich, Salvar al soldado Ryan o La lista de Schindler que de las mencionadas arriba. En ella, Spielberg realiza un retrato del gran líder americano durante sus últimos meses de vida con la crónica de la última de sus hazañas, el proceso conflictivo que llevó a la aprobación de la 13ª enmienda para abolir la esclavitud de un país en los últimos coletazos de una Guerra Civil.


La película, que obtuvo 12 nominaciones en la última edición de los Oscar (llevándose el de Mejor actor por la majestuosa interpretación de Daniel Day-Lewis) no es un biopic, no documenta al detalle toda la carrera y figura de Lincoln, sino que se centra más en los procesos de despacho, en las triquiñuelas y manipulaciones políticas que dieron lugar a uno de los puntos de inflexión más significativos del curso de la Historia americana y mundial: una lucha por la igualdad de derechos.

El mismo Spielberg reconoce en entrevistas que llevaba mucho tiempo obsesionado con la figura del 16º Presidente, no es de extrañar la cautela y la exigencia con la que ha trabajado el libreto de la película junto a Tony Kushner (guionista) durante 12 largos años.


Dicho esto, la película presupone del espectador una documentación previa político-histórica, sino es fácil perderse en una primera mitad llena de densos y rápidos diálogos que olvidan al público medio que desconoce esa parcela de la historia americana y el mecanismo de funcionamiento político democrático y no tan democrático. Es mucho más emocionante en su segunda mitad, donde las reuniones en la Cámara con unos secundarios de lujo y momentos de emoción e incluso de ligera comicidad con el personaje de Tommy Lee Jones rompen el tono más solemne y grandilocuente de la historia.


Spielberg rueda de manera prodigiosa –como es habitual en él- una película intimista, de espacios cerrados, alejada de aquella majestuosidad crepuscular de la que hacía gala en su anterior War Horse. En aquella como en ésta, le acompaña su inseparable John Williams, compositor de las muchas obras maestras del director tan inolvidables como sus partituras.

Samdra Rogen

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