Wednesday, 31 July 2013

Todo es grande en Los Miserables.



Todo es grande en Los Miserables. Desde su origen como musical de Broadway hasta la más mínima pieza que compone la cinematografía de su adaptación.
Pero cierto es que la grandilocuencia a veces puede ser la muestra de una carencia. Una defensa. 'Aparentar ser mas grande para defenderte de un animal salvaje.'

Me explico:

Todo aquello que rodea a Los Miserables está elevado a su máxima potencia, como debe ser, pues que mejor manera que hacer justicia a un musical basado en la épica mas absoluta. El problema está entonces en los códigos, pues no funciona igual el teatro que el cine, y en este caso la sorpresa viene dada por su director Tom Hooper (Oscar al mejor director por El discurso del Rey), que parece no saber hacer  un buen uso de esta épica tan gigantesca a la hora de componer una planificación visual que parece quedarse a veces a medio camino entre la grandeza hollywoodiense y el Indie que mas trata de mostrarse como experimental. Esto se traduce en unos planos innecesariamente desencuadrados y desmesuradamente efectistas que no funcionan de la manera que deberían como tal.

Si bien es cierto que este aspecto deja algo coja a la película, también es verdad que he dicho que absolutamente todo en Los Miserables es grande. Y en el resto de casos la cosa funciona mucho mejor, y la soberanía del resto de elementos hace grande a una película que podía haber ido muy mal en caso de haber dependido más de ese primer aspecto.

Todo el resto funciona, y a esta cola de elementos lo encabeza su reparto de categoría superior. Todos y cada uno de los intérpretes hacen gala de unas voces que harían estallar en aplausos cualquier patio de butacas. Esto evidentemente contenido en unas mas que notables interpretaciones, no solo en lo formal, sino sobretodo desbordantes de un sentimiento que se contagia al espectador convirtiendo la película en una explosión de sensaciones absolutamente necesaria para que un proyecto así funcione.

Este reparto está encabezado por tres grandes caras conocidas de la talla de: Hugh Jackman, Russell Crowe y Anne Hataway, que convierten a sus personajes individualmente en un mundo propio. Jackman interpretando un Jean Valljean tan cercano como verosímil. Dando pie, y más teniendo en cuenta que interpreta la gran mayoría de la vida del mismo, a que el espectador se ponga de su lado sin convertirse en un héroe cargante. La oscarizada Anne Hataway, que a muchos nos ponía la mosca detrás de la oreja por sus anteriores papeles, cierra bocas y demuestra que, pese a su corta aparición, es merecedora de esa estatuilla que se llevó por su I dreamed a Dream. 

Y por último, el más que consagrado sir Crowe, obsequiándonos con un Javert, absoluto Némesis de Valljean tan terco como emocional, y tan decidido como dubitativo. Consigue un equilibrio entre imposibles mas que digno de mención, creando así a un 'Villano' a la altura. Y todo esto, sin desmerecer a ninguno de los demás interpretes que completan un reparto tan a la altura. 

En cuanto al envoltorio, y manteniéndonos en el término del equilibrio, vale la pena destacar como todos los aspectos materiales de la película se encuentran a medio camino entre Magnificencia y teatro clásico, dos conceptos que pese a ir de la mano distan uno del otro en su realización. Y así, pese a, por ejemplo, suceder la revolución casi completamente en una barricada como si de un escenario cerrado se tratase, la épica que comporta tamaña batalla no se apaga. 

Pues al fin y al cabo, lo más importante de Los Miserables es que pese a quedar algo coja, acaba siendo muy complicado no DISFRUTAR de ella. Nos emocionamos, se nos eriza la piel, y asistimos a una más que digna adaptación a uno de los musicales más grandes de la historia, y al fin y al cabo a eso habíamos venido.

Lo mejor: que la mayoría de sus elementos sean capaces de equilibrar el hueco que deja lo peor.
Lo peor: La sorprendentemente torpe dirección de Hooper.

Nota: 7/10


Titus Bellés



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