Friday, 30 August 2013

La Jungla: Un buen día para morir


John McClane es uno de los personajes icónicos del cine de acción. Jungla de cristal (1986) es una obra maestra incuestionable del género que consiguió reformularlo y sentó las bases para futuras producciones (ej. Speed y demás imitaciones). Dio pie además a cuatro nuevas secuelas, de las cuales las dos primeras conservaban la esencia de la original (en especial la tercera parte, gracias a que ésta contó de nuevo con el director de la original, el controvertido y polémico John Mctiernan). Otro cantar es la cuarta parte, una pura bazofia que ya no conservaba nada del espíritu gamberro y socarrón del personaje interpretado por Bruce Willis, y que adolecía demasiado de la sensación de que todos los responsables estaban pensando “Toma el dinero y corre” (y es que para más inri hasta salía en un papel el director Kevin Smith  para acabar de arreglarlo).

Y como no hay cuatro sin cinco (o eso por lo menos es lo que piensan en Hollywood), pues aquí tenemos la quinta parte: La jungla-Un buen día para morir (juego de palabras con el título original “A good day to Die Hard”).


La historia no es muy complicada de resumir. John McClane esta vez debe formar tándem heroico en Rusia con su hijo, que a su vez es un espía de la CIA, con el fin de proteger a un testigo muy importante que debe declarar en un juicio en el que está en juego la seguridad ya no nacional (americana, vaya) sino mundial.

Para ser sinceros hay que reconocer que el film, sin ser “El padrino”, se deja ver. El director John Moore (especialista en el género con títulos como “Tras la línea enemiga” o “Max Payne”) tiene el suficiente oficio como para no darnos un momento de respiro y conseguir lo que se pretende con una cinta de estas características: entretener.

La película arranca con una larga secuencia (casi 15 minutos) de persecución por las calles de Moscú, con un nivel de destrozo tan importante que consigue dejar la escena final de “The Blues Brothers” en un remake de “Siete novias para siete hermanos”. Willis nos regala alguna de sus frases ingeniosas (aunque ya con cuentagotas) para amenizar la función y como (casi) siempre en la saga, el plantel de villanos cumple en su empeño de intentar fastidiar a nuestro policía de Nueva York favorito (aunque es cierto que se echa de menos a grandes villanos de la talla de Jeremy Irons o Alan Rickman).


Lo mejor sin duda, es que John Moore tiene poco de Ridley Scott (para lo bueno y lo malo) y nos regala unos ajustados 95 minutos de duración, lo cual hoy en día es muy de agradecer.

Por cierto, y sin que sea muy habitual, el título español Jungla de cristal es infinitamente más ocurrente y potente que el original (algo así como “Duro de matar”).

Chema Ponce

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