Tuesday, 20 May 2014

Runner Runner


Richie Furst (Justin Timberlake) es un estudiante de Princeton que pierde todos sus ahorros en una web de póquer online. Desesperado por su situación, viaja hasta Costa Rica donde está alojada dicha web para plantar cara a su propietario Ivan Block (Ben Affleck), pero acabará convirtiéndose en su discípulo. Todo ello mientras un agente del FBI (Anthony Mackie) trata de utilizar a Richie para dar caza a Block.

Runner Runner es uno más en la lista de thrillers centrados en criminales financieros que acogen bajo sus alas a una joven promesa. Argumento que ya hemos visto repetido hasta la saciedad sin que, por el momento, ninguna película pueda superar a la ya mítica Wall Street, de Oliver Stone.

El arranque de la película del director Brad Furman resulta interesante y genera curiosidad puesto que el espectador espera que, además de contar la típica historia, la película se adentre más en el entresijo del juego online. Pero no, una vez que el personaje de Timberlake conoce al de Affleck la película toma la cuesta abajo y ya no para hasta su final.


En materia de interpretaciones, Timberlake y Affleck consiguen salvar el tipo. Con el tiempo, el primero ha demostrado que es más que una estrella de la canción y que tiene madera para interpretar, aunque quizá los papeles protagonistas le queden algo holgados. Su personaje en esta película cae mal al espectador desde el principio y, a medida que avanza la película, la empatía entre Richie y el público es cada vez menor. Affleck, por su parte, no se complica demasiado para dar vida a Ivan Block aunque demuestra más carisma que en ocasiones anteriores, algo que es de agradecer.

El toque femenino lo pone Gemma Arterton quien, amén de lucir físico, pasa bastante desapercibida en un papel que resulta muy anodino aunque sea la socia de Block. A pesar de que las interpretaciones podrían ser mejores, para ser justos hay que aclarar que lo que verdaderamente consigue que la película haga aguas es su guión. Escrito a cuatro manos entre los guionistas de Ocean’s Thirteen, por momentos parece que se les acaban las ideas y deciden enlazar tópicos con tópicos. 


En definitiva, una película para ver y olvidar tan rápido como se ha visto que, contrariamente a lo que estamos acostumbrados en los últimos tiempos, solo dura 90 minutos.

Lo mejor: No dura demasiado, por lo que no da tiempo a que el espectador se aburra.

Lo peor: Demasiado previsible.

Valoración:  4,5/10
 Amelia Cobos


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