Thursday, 28 May 2015

La Isla Mínima


Andalucía. Años 80. La marisma. Dos niñas que desaparecen durante las fiestas de un pueblo remoto, anclado en el pasado rancio de un país de señoritos y terratenientes. Una España profunda que no respetaba a las mujeres, donde el destino de ellas es completamente indiferente a los ojos del hombre. Dos policías de homicidios de Madrid que se ven forzados a investigar el caso. Personalidades antagónicas obligadas a trabajar juntos en un ambiente hostil y totalmente despreocupado por lo que durante años lleva pasando en la zona. Las niñas se van del pueblo en busca de un futuro lejos de allí. O aparecen muertas. O no aparecen. A nadie le importa. Así se presenta “La isla mínima” ante nuestros ojos, sin maquillaje, sin artificio, totalmente cruda, como la realidad de aquel entonces.

Esos dos policías, fiel retrato de la España de aquella época, antihéroes en todo momento de la historia, nos muestran las dos caras de nuestro país. Pedro (Raúl Arévalo), joven, con ansias de conocer la verdad, de averiguar qué es lo que se esconde tras el hermetismo local. Juan (Javier Gutiérrez), perro viejo, herencia de la escuela franquista, de la represión, del “aquí no pasa nada” y mirar para otro lado. Ambos deben trabajar juntos y aceptarse para poner fin a lo que parece ser una serie de crímenes que llevan ocultándose durante años porque a nadie le importa saber la verdad. Sólo el dolor de unos padres parece romper el silencio de un pueblo acostumbrado a no decir nada.


Ambos deben hacer frente a sus diferencias y a sus propios fantasmas para hacerse respetar en un pueblo que les toma como intrusos, como un enemigo que viene a destruir la falsa paz que se respira removiendo secretos y un pasado doloroso que nadie quiere ver.

Gran historia policíaca que te atrapa desde los títulos de crédito, con unos planos alzados de la marisma, casi dibujos ante nuestros ojos, que se presenta ya así como protagonista muda de toda la historia. Acción con un tempo perfecto, acorde a la tensión de la película, atmósfera enfermiza que (junto a las magistrales interpretaciones de Javier Gutiérrez y Raúl Arévalo) hace que muchos la comparen a la serie “True Detective” y, sobre todo, una trama a modo de thriller que refleja fielmente la realidad política y social de la época.

Alberto Rodríguez nos demuestra con su progresión en la dirección (“El traje”, “7 vírgenes”, “After”, “Grupo7”) que está a un paso de conseguir la película perfecta. Sin lugar a dudas, la mejor película española del año pasado.


Marga Martín


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